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El poder de la esperanza en medio de la pandemia: el testimonio de Ana Lucía Manosalva

Para nadie es un secreto que, de todos los departamentos de la geografía nacional, aquellos más distantes al centro del país han tenido que vivir un mayor nivel de abandono por parte del Estado. Esto sucede, entre otros lugares, al nororiente de Colombia, en Norte de Santander, su capital y los distintos municipios que lo conforman.
 
Entre estos se encuentra Ocaña, población que, por desgracia, fue afectada durante años por la violencia. Allí, donde la gastronomía, la agricultura y el turismo son las principales fuentes de ingresos para sus habitantes, el desempleo alcanzaba el 13,4 % apenas en 2019, y hoy con la coyuntura actual esta cifra continúa en aumento, tornándose un panorama preocupante para los ocañeros.
 
Surge la esperanza en medio de la adversidad
 
Pero en el barrio Colinas de la Esperanza la historia empieza a escribirse de manera distinta. Haciendo alusión a su nombre, en este lugar crece la ilusión en la mente de Ana Lucía Manosalva, microempresaria del programa Empropaz, quien lleva más de 12 años trabajando de forma independiente en labores como la venta de arepas, de bollos o cualquier otro producto que represente un buen nivel de demanda en su entorno.
 
En medio de la búsqueda de nuevas opciones que ofrecer a su clientela e impulsada por la necesidad de conseguir una entrada económica fija, fue que llegó a la venta por catálogo de productos de belleza, y cuidado personal y del hogar, gracias a una de sus cuñadas, quien también realizaba esta labor.
 
En este negocio, que se ha convertido en su labor principal, Ana Lucía encontró un futuro mucho más prometedor, por lo que decidió transformar esta idea en una verdadera microempresa, buscando apoyo, formación y acompañamiento, y fue allí donde conoció Empropaz.
 
Gracias al impulso del programa, accedió al subsidio de Ingreso Solidario del Gobierno Nacional por un valor de $160.000 mensuales y, además, inició la implementación de varias tácticas de venta, como la creación de un directorio telefónico para ofrecer sus productos vía llamadas y la ubicación de material publicitario en tiendas de barrio cercanas; acciones con las que repuntó sus ventas en mayo.
 
El inicio de un proceso de crecimiento empresarial
 
“La primera reunión la hicimos como por el mes de septiembre o principios de octubre” recuerda, sobre su primer encuentro en el programa, donde empezó este proceso transformador.
 
“Nosotros vendíamos por vender, ahora hemos aprendido que debemos tener en cuenta las promociones (…) enamorar al cliente con los productos” es lo que destaca cuando se le pregunta sobre los principales aprendizajes que ha adquirido dentro de Empropaz. También, que la han guiado para abordar de forma acertada a sus prospectos y a exhibir correctamente los productos que comercializa.
 
“Doña Ana es un ejemplo” menciona Wilson Quintero, el Oficial de Desarrollo Productivo que viene acompañando todo su proceso, pues según dice, todos los días Ana busca resolver dudas frente a las actividades que recibe y fruto de este aprendizaje, ha evidenciado la importancia de la tecnología para sus ventas. Tanto así, que hoy en día busca adquirir un Smartphone para acceder a aplicaciones como WhatsApp, para publicitar más su negocio.
 

Nuevos métodos de acompañamiento y ventas

 
Y hoy más que antes, cuando las medidas de aislamiento han impactado su modo de venta y a la vez, sus ingresos, dice sentirse acompañada por Empropaz. Además de enseñarle la importancia del uso del tapabocas al visitar a sus clientes y a distribuir los productos con las medidas de seguridad adecuadas, se le ha impulsado a trabajar con nuevos productos, que se ajusten a las nuevas necesidades del entorno.
 
“Lo importante es la asesoría. Que, si uno está haciendo no está haciendo las cosas bien, acá ellos le dicen cómo lo debe uno hacer”, dice, destacando las diferentes cosas que agradece al programa. Una de las más importantes, el acompañamiento de Wilson, su asesor, quien en medio de la pandemia ha cambiado sus visitas presenciales por llamadas constantes, que la mantienen al día frente a las novedades del virus y los modos de prevenir su propagación.
 
Un aprendizaje para todos
 
Al pensar en aquellos quienes, como ella, hoy se enfrentan a situaciones adversas para continuar con sus negocios, les aconseja: “que uno en la vida no tiene que acomplejarse de las cosas, que tiene que seguir adelante”. Porque, en definitiva, una de las claves del éxito de esta mujer ocañera es la constancia y el amor que tiene por su negocio y por cada cosa que hace para impulsarlo.
 
Así como Ana Lucía, los microempresarios y emprendedores colombianos hoy se mantienen luchando en medio de esta contingencia y requieren apoyo y acompañamiento para impulsar sus ideas y salir adelante. Por eso, en Empropaz continuamos trabajando sin pausa por todos ellos, ofreciendo el contenido idóneo para acompañar su formación. Encuéntralo todo en nuestra sección “Así se hace”.

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